viernes, 17 de agosto de 2018

Porque cada cual tiene la libertad de llevar sus greñas

Ayer fue uno de esos días en los que descubrí que los años no pasan en vano. Llegar a los 45 años, ¡quién me lo iba a decir!, me ha llevado a ser capaz de leer algo, callar y pensar: ¡antes la rabia me cegaba y era imposible que durara 21 horas en responderle a alguien! ¿Saben qué? Aunque al principio pensemos que no, merece la pena tomarse el tiempo para responder en frío porque de esa manera veremos cosas que en el primer momento se nos escaparon (la cuerda provoca efectos secundarios).

Eso fue lo que me sucedió cuando vi el comentario que leerán a continuación. Aunque fue escrito en Facebook, decidí responderlo aquí para tomarme todo mi tiempo. Antes de hacerlo, les cuento a raíz de qué vino el comentario: surgió después que subí un vídeo en el que se ve a un grupo de mujeres con el pelo rizado diciendo que, independientemente de su imagen, son profesionales. El mensaje, aunque parecería innecesario, es muy necesario en una sociedad en la que aún se discrimina a las mujeres por la forma de vestir o peinarse. Por ello, hasta que no se entienda que nadie vale por el tipo de cabello que tiene, hay que insistir con el tema. Leyendo el comentario lo entenderán:

No veo ningun problema xon el afrito o el "caquito de tiguere", solo que hay mujeres que deben reconocer si les queda bien o no, por ejemplo, una gordita con un afro luce como una planeta con su asteroide, los dreds son horribles uselo quien los use, hay mujeres que con el pelo rizo corto lucen "brutas", hay otras que se les ve un aire intelectual, hay afros que no son mas que greñas mal paradas, hay otros como los de Amara la negra que son obras de arte, de ese video la mitad no se veia bien, parecian gallinas matá a escobazos, usted puede ser todo lo greñú que quiera si sabe llevarlo dignamente, como una abogada o jueza puede ponerse el gorrito si no le baja por el afro o la greññita, es que tambien hay que saber el momento o la situacion para llevarla, un buen afro o una buena greña necesita su inversion para verse decente, si ustes no tiene cuarto$ para verse bien, dejese de eso de la raza, o el feminazismo, o su complejo de clase minoritaria, para ser buen activista se necesita MONEDA, para comprar camisetas, para hacer afiches o brochures, para ir a las marchas, para participar con greenpeace o con peta, como decian antes "esa pinta solo la usan dos tipos de personas, los artistas y los locos... y usted no es artista!"....

Misógina y machista a más no poder, la respuesta que me dio Plinio (no pondré el nombre completo porque estamos fuera del Face) me descolocó. Para comenzar, aunque dice que no ve ningún problema con el afrito o el "caquito de tíguere" es evidente que sí lo ve porque de lo contrario no usaría los diminutivos que, al fin y al cabo, se usan cuando queremos denostar a alguien. ¿Por qué denigrar a quien simplemente ha decidido llevar el pelo de la forma más cómoda posible? Tampoco entiendo el punto de que las mujeres debemos reconocer si nos queda bien o no el afro o rizado, según el caso, porque al final nuestro cabello no es más que el producto de una mezcla genética que, por demás, no tenemos por qué negar.

Pero su problema, sin embargo, no es solo con que las mujeres llevemos el pelo natural: también le molesta nuestro peso, como se puede comprobar al leer la patética e insultante frase de que una "gordita con un afro luce como una planeta con su asteroide" (¡otra vez los diminutivos, Plinio, caramba!).

Respecto a los dreads, me parece que es un asunto de gustos que no tiene la mayor importancia, sobre todo cuando leo que algunas mujeres con el pelo rizo corto luces "brutas" aunque a otras se les ve un aire intelectual: ¿desde cuándo el cabello define el volumen de nuestra materia gris? ¿Será, por aquello de que Amara tiene un afro que para ti es como una obra de arte, que el punto es que la mujer que lo lleve sea bonita o no? ¿No es acaso eso lo que quieres decir, Plinio, cuando argumentas que en "ese video la mitad no se veia bien, parecian gallinas matá a escobazos" o que usted "puede ser todo lo greñú que quiera si sabe llevarlo dignamente"?

¿Qué sabes tú, Plinio, de llevar los rizos o las greñas "dignamente"? Hacerlo es resistirse a la gente como tú, que quiere discriminarnos por nuestra apariencia y entiende que los afros/greñas tienen matices de decencia e indecencia, dependiendo de la inversión que se haga en ellos; y que hay que "saber el momento o la situación en que se lleva, ¿por qué carajos tenemos que alisarnos el pelo para demostrarle nada a nadie? ¡Te puedo asegurar que el birrete (así se llama el "gorrito") cabe perfectamente como lo demuestra la abogada del vídeo!

Si hasta aquí el comentario es para quillarse, cuando uno llega al punto de que "si ustes no tiene cuarto$ para verse bien, dejese de eso de la raza, o el feminazismo" se da cuenta, Plinio, de que eres un caso totalmente perdido porque para "verse bien" la gente no necesita dinero sino estar en paz consigo mismo y con "la raza" o la mezcla genética que lleva consigo: ir por el mundo siendo auténticos es lo que nos hace hermosos, no tener la billetera llena o ir al salón de belleza porque gente como tú entienda que eso es lo lindo y lo que está bien.

El "feminazismo" merece un párrafo aparte porque si hay dos palabras que no deben juntarse jamás es el feminismo y nazismo. Hace tres años estuve en Alemania y conocí el campo de concentración de Sachsenhausen, un lugar tétrico y abominable en el que murieron miles de personas asesinadas. Las imágenes de lo que allí se vivió aún están en el lugar, así como un barrancón, las celdas de castigo y los hornos: ¡el feminismo, que lucha por la igualdad y jamás ha matado a nadie, no se puede comparar con eso, por lo tanto te aconsejo que dejes de usar esa palabra tan desafortunada!

Es gracioso que hables de "complejo de clase minoritaria" cuando es evidente que el único acomplejado eres tú cuando crees que "para ser buen activista se necesita MONEDA": ¡para ello tan solo hace falta querer serlo, da igual si no tienes dinero "para comprar camisetas, para hacer afiches o brochures" porque, al final, para ir a las marchas solo necesitas los pies y RD$25 para el pasaje!

Lo que resulta triste es que recurras a los tiempos de antes, usando una frase que data de los tiempos en los que se discriminaba todo lo que no fuera blanco y "bello", para afirmar que "esa pinta solo la usan dos tipos de personas, los artistas y los locos... y usted no es artista!".... a pesar de que la usamos todos los que nos cansamos de darle gusto a gente como tú que nos quiere quitar la libertad de andar como nos plazca. ¡Qué pequeño es tu mundo y que estrecho tu cerebro!

PD:
Por si quieren ver el vídeo, aquí esta:
https://www.facebook.com/lucas.gil.5473/videos/1513153275420067/

jueves, 31 de mayo de 2018

Dejarlo: ¡mi mejor decisión!

Aún me parece verlo bailar: en mi casa, con la luz tenue, él iba ascendiendo hacia el cielo y se mezclaba con el aire para crear una danza lúdica, única, especial. Mientras disfrutaba viéndolo, sintiendo cómo me "acompañaba", algo dentro de mí se iba destruyendo. Yo, aunque lo sabía, prefería ignorarlo. Jugaba, aunque era absurdo, a olvidar para acallar mis remordimientos.

Nuestra relación era ideal. El me acompañaba siempre, haciéndome parecer interesante, aunque al final demostraba que era una simple imbécil: me dejaba controlar por él, de forma irracional, negándome a cortar con una relación que no tenía ningún beneficio. Fueron años, muchos años, los que estuvimos juntos.

Durante gran parte del tiempo que me acompañó me llevó a mentir. El engaño era, aunque tácitamente, parte de nuestro trato: yo me ocultaba para estar con él y decía, incluso, que habíamos terminado. ¡Ay, de las suelas que quedaron manchadas tras nuestros encuentros furtivos!¡Cómo disfrutaba esos minutos en los que sus besos grises me daban una bocanada de maldito placer!

No sé cuántas veces me dije y le dije al mundo que lo había dejado para siempre. Me convencía, por minutos, horas, días y hasta meses, que ya sí era definitivo: jamás volvería a fumar porque, al hacerlo, perdía demasiado. Un día cualquiera, ante la primera eventualidad, caía de nuevo. ¡Siempre había un motivo para una nueva recaída: el novio que me engañó o que se fue, el dinero que no aparecía (pero paradójicamente gastaba en él) porque ganaba muy poco, las tensiones del trabajo... ¡nada para calmar la ansiedad como fumar, me decía!

Eran excusas tras excusas y recaídas tras recaídas. Entonces, como si de verdad quisiera dejarlo, me consolé fumando el cigarrillo electrónico. Por aquellos días, cuando surgió, se decía que era inocuo y que no representaba ningún peligro. Fue así que cambié el "real" por el "ficticio" y me consolé de la mejor forma que pude hasta que... ¡se rompió el electrónico y volví a fumar cigarrillos normales (aunque mucho menos que antes)!

En ese momento la conciencia me pesaba. Yo había cambiado el cigarrillo normal por el electrónico "convencida" de que tenía que dejarlo. Mi hermana pequeña había enfermado de cáncer unos meses atrás, aunque jamás había fumado y se ejercitaba con frecuencia (su estilo de vida había sido mil veces más saludable que el mío) y su enfermedad me produjo tanto dolor que entendí que yo no podía hacer lo mismo con mi familia de forma deliberada (fumar es comprar todos los boletos para la muerte).

Fue ese remordimiento el que me obligó a dejar de fumar poco después de perder el cigarro electrónico. Era la Navidad del año 2013, se suponía que yo había dejado de fumar meses atrás porque el electrónico me consolaba y yo pensaba en qué le regalaría a mi hermana. Entonces me llegó claramente la imagen de la caja de cigarrillos que tenía oculta en mi cartera y supe cuál sería el regalo perfecto. Sin decirle nada, dos días después de Navidad hice mi ritual de despedida (tenía que acabar con mis provisiones para no desperdiciar lo malgastado en el vicio): me fumé los últimos cigarrillos de mi vida y declaré mi casa, en la que me había mudado 12 días antes, como un espacio libre de humo.

Desde aquel día han pasado cuatro años, cinco meses y cuatro días (no había calculado el tiempo exacto hasta hoy). En ese tiempo he vivido momentos muy difíciles. De repente, aunque no venga a cuento, me dan deseos de fumar así como por joder. Pero no caigo. Con todo lo superado sería ridículo caer. ¿Qué sentido tiene volver a malgastar el dinero y restarme más años de vida de los que debo haberme robado ya? La vida es muy corta como para que uno se la reduzca más pendejamente.

A estas alturas, después de tanto hablar, me doy cuenta de que no les explicado el porqué de estas líneas: hoy, que es el Día Mundial del Tabaco, quiero decirles simplemente que dejar de fumar ha sido mi mejor decisión. Desde entonces la vida tiene otros olores y otros matices. Puedo ejercitarme mejor, me estreso menos y gasto menos dinero de forma absurda. ¿Cuál fue la magia para lograrlo? ¡Querer hacerlo! Yo no recurrí a parches, medicinas, acupuntura, meditación ni nada de eso: el día que dije no más me fumé el último cigarrillo y jamás recaí. Y es que, sin lugar a dudas, el único secreto para dejar de fumar se llama voluntad.