El cielo amaneció gris. Las nubes abrazaban la ciudad y el tiempo, quizás como para alertarnos, parecía detenerse por un momento. Cada palabra, cada cosa que sucedía, hacía que aumentara el desconcierto.
Irene dejaba tras de sí una estela de desconsuelo. Comunidades anegadas y aisladas, gente desplazada, puentes derribados y casas destruidas. La historia se repite, nueva vez, para recordarnos cuánto tenemos pendiente por hacer.
Aunque todo tiene que ver con los rigores del clima, Irene vuelve a poner la llaga en el dedo: ¿seguiremos permitiendo que la gente viva en lugares vulnerables? ¿Cuándo habrá un gobierno que se decida a prohibir que se construya junto a los ríos y cañadas?
En tiempos electorales pesa hablar de esto. El costo político de una medida así es incalculable. Sobre todo si lo intenta hacer el gobierno actual. Aquel que, tal como arrojó la encuesta Gallup-Hoy, está demasiado desgastado.
Hasta el momento ninguno de los candidatos ha hablado acerca de este tema. Quizás no le dan la importancia debida o, por lo delicado que es, prefieren ignorarlo como si no existiera. Sin embargo, es importante que recuerden que esta situación es tan reiterada como innecesaria.
Urge que el país cuente con una política habitacional que contemple la seguridad de la población. No podemos seguir permitiendo que tantas personas vivan en peligro y, además, continúen engrosando la lista de damnificados cada vez que hay un fenómeno atmosférico.
Aunque dé vergüenza debemos recordar que aún andan por ahí algunos damnificados del huracán David (1979) y del Georges (1998), así como de las tormentas Olga y Noel (2007). ¿Cuántos más tiene que haber? Hagamos algo ya.
Quizás exorcismo, quizás ejercicio de reflexión. De cualquier manera, no son más que palabras que se unen en un lúdico baile (sin pretensiones ni egolatrías).
jueves, 25 de agosto de 2011
domingo, 14 de agosto de 2011
Y mueren las golondrinas... a manos de ellos
A pesar del sol radiante, el día se viste de un halo extraño. Inexplicable, los versos comienzan a aflorar y la vida se convierte en sueño. Quizás, cual si fuéramos una mentira en medio de una realidad impuesta, tan sólo se trata de que queremos volar hacia ese infinito que se llama libertad.
Entonces, mientras Gustavo Adolfo Bécquer parece ser el mejor traje para este domingo, llega el eco de la historia de Jazmín Mercedes Reyes, una joven de 21 años que fue herida el viernes pasado por su ex concubino Isidro Rolando Pimentel.
Nueva vez, los celos. Ella le había dejado precisamente por eso. Pero él fue más allá. Y quiso matarla. No pudo hacerlo. Jazmín vive y vivirá. Aún no se sabe cuántas operaciones tendrá que enfrentar (tiene una pendiente en el rostro porque una bala le fracturó la mandíbula y otra en el estómago) pero no engrosará la tenebrosa lista a la que fueron agregadas esta semana Nancy del Carmen Arias Díaz, de 26 años; y Sileidi Hurtado Adames, de 22: la de los feminicidios.
Ver tantas mujeres morir a manos de sus maridos o ex maridos llama a preocupación. En algunos casos pesaba una orden de alejamiento. En otros, no. En todos, sin embargo, estaba latente el peso de los celos, el control, la violencia... ese conjunto de condiciones que, acompañadas por un arma, sólo se traduce en muerte.
No sé a cuántas mujeres habrá que asesinar para que las autoridades se den cuenta de que realmente existe un problema grave. Hay que educar a los hombres pero también a las mujeres. Así como ellos deben entender que al hablar de las personas no existe propiedad, ellas tienen que tener muy claro que por ningún motivo pueden descuidarse. Con un hombre así es fácil perder.
Sería importante que a las mujeres se nos enseñe la diferencia entre el amor y la obsesión. Que entendamos que el amor, si es veraz, tiene que tener alas. Quien intenta cortar tu vuelo, encerrándote en una jaula, es un potencial verdugo que puede querer acabar contigo.
Olvidemos aquello de que quien me cela me ama. ¿Cómo es posible que a estas alturas haya mujeres que, tontamente enamoradas, no vean que detrás del control desmedido hay patologías que pueden ser letales? Es hora de que despertemos y no permitamos que mueran más mujeres de esta manera.
Si Sileidi hubiera entendido esto hoy no estaría muerta. Ella se había separado de esposo por sus celos. Pero se veía con él a escondidas. Hasta un día. Ese en el que él decidió que no podía permitir que ella fuera de otro. El otro no existía. Pero, como ella no regresaba oficialmente con él, terminó matándola. Luego él se suicidó. Y ahí quedan, huérfanas, dos niñas: una de 4 años y otra de un año y 8 meses.
Cada caso es distinto, sí. Pero todos tienen un ingrediente en común: se trata de amores tóxicos, contaminados. Aquellos que tenemos que aprender a identificar para no ser nuevas víctimas. ¿Alguien está dispuesto a enseñarle esto a las mujeres?
Urge que creemos conciencia. Es la única manera de lograr que las golondrinas no se vuelvan oscuras. Que no perezcan bajo el yugo de un opresor que no les merece. Aprendamos y enseñemos a volar con alguien que esté dispuesto a compartir nuestro vuelo. No renunciemos a vivir.
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