viernes, 12 de agosto de 2011

Viviendo en la “macondonidad” de la gran ciudad


Respirar su aire es sinónimo de alegría. Saber que está, que soy parte de sí, significa tanto que es difícil de definir. Pese a ello, en cada paso y cada instante, mi alma se entrega sin remedio.

Así, como ese amor inexplicable, es lo que siento por Santo Domingo, una ciudad inmensa, llena de luz, que ahora ve cómo su brillo se apaga de forma inexorable. Sucia, cubierta de basura por doquier, la gran capital dominicana dejó de ser el espacio en el que siempre queremos perdernos.

Y todo sucede por la irracionalidad de unos ayuntamientos que hacen todo menos lo que les corresponde. Porque, ¿cómo se entiende que haya un Zooberto pero no construyan la vía que va a Duquesa? ¿Por qué no tapan los filtrantes de Alma Rosa, razón por la que la semana pasada murió Edward Díaz Urbáez? A la par que pasa esto, en Santo Domingo Norte, como tienen el Metro, la gloria está asegurada; mientras que Santo Domingo Oeste se entretiene con sus conciertos verdes.

Son muchas las cosas que podrían dejar de hacer los cabildos para conseguir el dinero que requiere esa obra. Es imperioso que se pongan de acuerdo con la administración del vertedero para buscarle una salida a este problema.

No puede ser que la Mancomunidad de Santo Domingo se convierta cada vez más en esa Macondonidad absurda que, por demás, cuenta con un gobierno que pasa olímpicamente de ella. Porque, ¿cómo puede decir Víctor Díaz Rúa que el vertedero no es una prioridad (ya que no le corresponde hacerla) pero invertirá en el Estadio Quisqueya? El play, ¿no es privado? Que venga Márquez y lo vea.

jueves, 28 de julio de 2011

Vayamos más allá de los cables de WikiLeaks

Aún es pronto para saber qué esperar. Nunca, hasta que los hechos no demuestran las cosas por sí mismo, podemos hacer una afirmación categórica.

La espera será larga. Con dos mil y tantos cables por salir, es difícil predecir lo que traerán mares de WikiLeaks. Lo que fuere, sin embargo, algo dejará.

Son muchas las interrogantes que se tejen en torno a lo que ha salido. A pesar de que conocíamos bastantes de las informaciones que se han publicado, hay otras que surgen ahora, de repente, y llaman a preocupación.

Una de ellas tiene que ver con el presidente Leonel Fernández y establece que él sabe hasta qué punto llega la corrupción de las Fuerzas Armadas pero que no se ha atrevido a mover 100 de los 200 hombres que deberían salir de ahí porque hasta su puesto peligra. Así las cosas, ¿cómo podemos esperar que esto cambie?

Es difícil acabar con la corrupción cuando el mandatario se rinde ante ella. Peor aún es saber que existen funcionarios y ex funcionarios de dudosa reputación que forman parte del círculo selecto del partido de gobierno. Lo mismo veremos, sin embargo, con el PRD.

Amén de qué partido sean los cables, lo importante de esto es que esa información debe servir para algo más que para alimentar el rumor popular: debe ser el punto de partida para que el Ministerio Público comience a investigar los hechos que ahí se imputan.

Es mucho lo que en este país queda sin castigo. Ya está bueno de que sea así. Que WikiLeaks sirva para remover nuestros cimientos. Que el culpable pague, al menos, con nuestro olvido.